SON TODOS UNOS SINBERGUENZA
Estoy retirado y aun así tengo que pagar aproximadamente $14,000 en contribuciones, en conjunto con mi esposa. Cumplo y lo hago de forma honesta no tan solo por el deber, sino que tan bien por mi paz espiritual. El que haga trampa pues que cargue con su conciencia. Pero cuando el robo es triple, como el de los legisladores hay que denunciarlo.
- Dietas inmerecidas (si son para cubrir gastos porque poner hasta $30,000 en la planilla como gastos relacionados al trabajo)
- Sueldos injustificados (su mediocre labor no merece para nada los jugosos sueldos)
- Reintegros en planilla (o tienen unos contables excelentes o hacen trampa)
El editorial DEL NUEVO DIA del 19 de abril de 2010 merece su reproducción si no lo leíste aquí esta:
Un gran déficit de vergüenza
El nuevo espectáculo que los ocupantes de la llamada Casa de las Leyes acaban de ofrecer, ciertamente debe provocar vergüenza ajena en cada ciudadano de a pie, pero también revela cómo han olvidado nuestros legisladores todo pudor en el desempeño de sus funciones.
El nuevo espectáculo que los ocupantes de la llamada Casa de las Leyes acaban de ofrecer, ciertamente debe provocar vergüenza ajena en cada ciudadano de a pie, pero también revela cómo han olvidado nuestros legisladores todo pudor en el desempeño de sus funciones.
Precisamente en momentos en que los puertorriqueños acaban de cumplir, la mayor parte de ellos con enorme sacrificio, con su responsabilidad contributiva para facilitar al Gobierno los recursos económicos que debiera invertir cabalmente en la realización de obras y servicios, los miembros del Poder Legislativo se las arreglan para agenciarse no sólo una reducción en el pago de sus contribuciones sino además para urdir formas y maneras para que el Estado les devuelva reintegros considerables que jamás pueden recibir los demás mortales a quienes dicen representar.
Ver cómo reciben reintegros de $9,000, $7,000 y $6,000 tras informar, por ejemplo, supuestos gastos por hasta $30,000 en “comidas y entretenimientos” y otro 23% de su salario en “gastos relacionados con su trabajo”, constituye un insulto más al pueblo al que alegan servir.
Con el agravante de que al hacer sus reclamos de reintegro lo hacen a base de sus salarios, de entre $74,000 hasta $110,365 anuales en el caso de los presidentes, sin incluir los entre $40,000 y $50,000 adicionales que reciben en dietas exentas del pago de contribuciones.
Que ocurra en cualquier momento lo que acaba de revelarse públicamente constituye un escándalo más de los que nos tienen acostumbrados los legisladores. Pero que ocurra en momentos en que miles de padres de familia son cesanteados por la crisis fiscal y económica del Gobierno y del pueblo; cuando se eliminan o reducen programas de instituciones fundamentales del País; cuando la figura de los legisladores está en su más bajo nivel de respeto ante el pueblo, es una situación intolerable que el País debe buscar las maneras de detener.
A una democracia no se le mata sólo con bombas y tiros, sino también con toda actuación de sus proclamados líderes y guías; actuación que, en el caso de nuestros legisladores, socava los principios los principios de rectitud, decencia y sensibilidad que tienen que guiar el ejercicio del poder público.
Se le mata, asimismo, con el desprestigio de sus líderes e instituciones en contubernio de mayorías y minorías, que muestran un absoluto menosprecio al pudor y el recato en la vida pública; que exhiben con total desparpajo un comportamiento de privilegios como los que se destilan desde el Capitolio.
Se mata a una democracia cuando las actuaciones de sus líderes obligan a sus ciudadanos a comenzar a hacerse la peligrosa pregunta de si en efecto todavía tiene sentido aquí el ejercicio del voto como vital expresión ciudadana para procurar el mejor porvenir colectivo.
Se mata la democracia cuando son la incompetencia, la irresponsabilidad y la deshonestidad las banderas que más alto ondean en las astas de la cúpula del poder.
Desde luego que un pueblo del honroso historial democrático como el nuestro, con suficientes reservas para resistir tanto escarnio, no debe rendirse al pesimismo ni la apatía.
No obstante, ante esta nueva embestida y saqueo de los dineros del pueblo es de urgente rigor una firme determinación del País para empezar a darle al voto el valor que tiene, eligiendo legisladores que le representen con dignidad en lugar de provocarle la vergüenza ajena que hoy sufre.
Gozan con reintegros
Políticos se las arreglan para reducir sus contribuciones sobre ingresos.
Por Yanira Hernández Cabiya
La senadora Evelyn Vázquez reclamó haber gastado en el 2009 casi $30,000 en comidas y entretenimiento, los cuales le fueron reembolsados.
La información está contenida en la planilla de contribución sobre ingresos que la legisladora radicó días atrás al Departamento de Hacienda, copia de la cual la propia Vázquez entregó a El Nuevo Día.
Además, la senadora informó que usó más del 23% de su salario anual para gastos relacionados con su trabajo como senadora el año pasado.
El documento no detalla en qué consistieron esos gastos, pero indica que utilizó otros $300 en la compra de libros técnicos propios de la profesión.
Vázquez es una de 20 funcionarios elegidos a los que este diario solicitó que participaran en un ejercicio de transparencia fiscal que consistía en la divulgación de su planilla de contribución sobre ingresos.
La mayoría de los políticos del Partido Nuevo Progresista (PNP) mostró resistencia a entregar el documento. De los 11 contactados, cinco dieron toda o parte de la información. Los demás ni siquiera contestaron y el representante Rolando Crespo cuestionó el motivo de la petición.
LeS devuelven
Pese a sus buenos salarios y los beneficios no tributables que reciben, varios legisladores recibirán jugosos reintegros este año.
Tal es el caso del representante Luis Raúl Torres, quien pese a no tener hijos, recibió un reintegro equivalente al 8% de su salario anual.
Mientras, el comisionado Pedro Pierluisi, quien rindió tanto a nivel federal como en Puerto Rico, declaró $46,946 en intereses por su residencia en Puerto Rico y $1,354 por intereses de un préstamo estudiantil. Al Comisionado le devolvieron poco más del 2% de su salario como miembro del Congreso.
El Comisionado rindió las planillas junto a su esposa María Carrión, quien no figura con ingreso alguno.
Por su parte, la senadora popular Sila Mari González reclamó como dependientes a dos de sus tres hijos. Le espera un reintegro fue de $5,584.
El caso más dramático es el de la presidenta cameral, Jenniffer González, quien es soltera y no tiene hijos. Sus ingresos netos sujetos a tributación equivalen a la mitad de sus ingresos reales, por lo que el fisco terminaría devolviéndole casi el 10% de su salario.
Malabares tributarios
Consultado por El Nuevo Día, y sin revelar nombres en específico, el CPA Mario Rodríguez Guerra explicó que cuando un contribuyente reporta un reintegro tan alto las posibilidades son de que utilizó el máximo de las deducciones a las que tiene derecho, pagó altos intereses, recibió menos ingresos de lo esperado y no ajustó su estrategia contributiva o lo planificó de esa manera para tener una especie de reserva.
“Yo siempre digo que el 15 de abril no es el final, sino el comienzo para que el contribuyente con esa experiencia planifique su planilla del próximo año”, dijo el experto.
En el Partido Popular, sólo el senador Juan Eugenio Hernández Mayoral planteó objeción a presentar copia de su planilla. Argumentó que rendía junto a su esposa y que “no tengo por qué someterla al escrutinio público”.
Otros políticos como el gobernador Luis Fortuño se limitaron ofrecer información limitada en un comunicado de prensa. El mandatario recibe un salario de $63,000 tras firmar una orden ejecutiva para reducirlo en 10%. Pero, los ingresos reportados fueron cinco veces su sueldo, presumiblemente por los ingresos de su esposa Lucé Vela, quien se mantiene activa como abogada notario.
La renuencia de Fortuño no es común, pues en pasado los gobernadores voluntariamente presentaban copia de sus planillas para escrutinio público. El Gobernador no informó si pagó o recibió reintegro.
